La marea estaba bajísima cuando llegué, y todas las aves muy lejanas. Hoy apareció otra Aguja colinegra nueva: ya son cuatro. También conté cuatro Gaviones, como el otro día.
Estaba un poco perezoso, así que me dediqué a hacerles fotos a las espátulas.
31.1.05
29 de enero de 2005
La cafetería del hotel Rías Altas, en Santa Cristina, es un estupendo lugar desde el que observar las aves presentes frente a la playa mientras te tomas un café o, en el caso de hoy, un desayuno. En esta ocasión conté 4 Zampullines cuellinegros, y no llegué a detectar ningún colimbo. Llovía a ratos.
28.1.05
28 de enero de 2005
A lo largo de mi visita se sucedieron los chubascos y los rayos de sol. Cada minuto la luz cambiaba de tonos y de fuerza, del gris opaco al amarillo más intenso.
Falta una semana para Carnavales, y ya se escuchan petardos por todas partes. Las aves no parecen hacerles demasiado caso, probablemente porque perciben que el peligro está lejos. Sí se han espantado, sin embargo, cuando una flotilla de globos de colores atravesó el cielo de norte a sur. Alguien celebraba algo en algún sitio.
Hoy la novedad ha sido un Arao común. Por lo demás, poco hay que contar: 3 Agujas colinegras, 4 Correlimos gordos, 4 Gaviones atlánticos... La creciente pleamar iba arrinconando a los limícolas en los últimos retazos de fango, donde se afanaban por capturar el último bocado. Cuando ya todo el alimento estaba cubierto por la marea, se retiraron a descansar. Y yo con ellos.
Falta una semana para Carnavales, y ya se escuchan petardos por todas partes. Las aves no parecen hacerles demasiado caso, probablemente porque perciben que el peligro está lejos. Sí se han espantado, sin embargo, cuando una flotilla de globos de colores atravesó el cielo de norte a sur. Alguien celebraba algo en algún sitio.
Hoy la novedad ha sido un Arao común. Por lo demás, poco hay que contar: 3 Agujas colinegras, 4 Correlimos gordos, 4 Gaviones atlánticos... La creciente pleamar iba arrinconando a los limícolas en los últimos retazos de fango, donde se afanaban por capturar el último bocado. Cuando ya todo el alimento estaba cubierto por la marea, se retiraron a descansar. Y yo con ellos.
25.1.05
25 de enero de 2005
Hoy me acerqué en primer lugar a la linterna de Santa cristina, donde antes incluso de sacar los prismáticos me puse guentes, gorra y bufanda: el viento del ENE cortaba más que la navaja de un barbero. La mar estaba tan rizada que era imposible descubrir nada entre las olas. Allí estaba yo, dejándome las pestañas contra el ocular del telescopio, cuando por el rabillo del ojo advertí una silueta casi bajo mis pies, volando junto al acantilado sobre el que me alzaba: unha enorme hembra Halcón sacre. Pasó dos veces muy cerca y acabó posándose en la rama de un pino, en la finca "Santa Cristina".
Poco después pude fotografiarla desde el embarcadero, y casi de inmediato cayó una gran tromba de agua que ya se venía anunciando desde más allá de Oleiros.
Regresé paseando por la playa, donde había un joven de Gaviota cana, y por el paseo de José Martí. Desde aquí me entretuve observando cómo se soleaban con las alas abiertas varios cormoranes grandes, antes de que aún cayera otro chubasco.
Poco después pude fotografiarla desde el embarcadero, y casi de inmediato cayó una gran tromba de agua que ya se venía anunciando desde más allá de Oleiros.
Regresé paseando por la playa, donde había un joven de Gaviota cana, y por el paseo de José Martí. Desde aquí me entretuve observando cómo se soleaban con las alas abiertas varios cormoranes grandes, antes de que aún cayera otro chubasco.
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